anoche la gente pudo leer el diario en plena calle. incluso el más despistado, que lo abrió por el principio, se sintió reconfortado. al creer que la guerra había terminado. pues ni en las primeras páginas pudo encontrar el más mínimo rastro de los crímenes y abusos que se venían produciendo. desde mucho tiempo atrás. fue cuando se puso el sol. todos los objetos y las personas comenzaron a emitir una intensa luz. intensa y amarillenta, como si una polilla pudiese al fin perderse en el cielo abierto, después de golpearse durante horas contra los cristales. dejando un rastro a modo de sangre que nos llevaba directamente a la que había sido su cárcel. sólo unas horas antes, yo dormía retorcido. ajeno a las explosiones.
los chicos gritan mi nombre para que baje a la calle. yo no recuerdo los suyos. ¡si no ha llegado la primavera!, les digo. pero no obtengo respuesta. me incorporo torpemente para volver a tumbarme. caen mis huesos oxidados sobre el colchón, chillando al unísono. extiendo uno de mis brazos, abro la plama de la mano. hay dos líneas de la vida. el espacio entre una y otra se me antoja gigantesco pero, lamentablemente, no veo hueco para ti. kilómetros de desierto, es difícil ser romántico, no quiero que me acompañes. pues, antes o después, tendremos que comernos al más débil de los dos. parecen mis venas negras, son un puñado de hormigas. los bultos bajo mi piel. corretean como ratones en un laberinto y tengo que encender velas, para que puedan salir. con lo poco que me gustan. hoy decido madrugar y me vuelvo a incorporar. estamos viviendo tiempos que pasarán a la historia. abro un poco la ventana, sólo un poco. veo la lluvia que cae como lágrimas suicidas, agujereando el mar, en pelea inofensiva. y rompen las olas ante los ojos de cien amigos, que parecen disfrutar de la batalla. ¡nos encanta la tragedia!, canturrean. pero al final la sangre siempre la limpio yo.
fue cuando se puso el sol, caminé piedra tras piedra. me costó diferenciar a los buenos de los malos. era de origen humilde, el primer hombre que se cruzó conmigo. era de ojos hundidos y de frente despejada. con sus grandes manos envolvió las mías. luego me trató de usted, ¡si podría ser mi abuelo!. no dejé que hincase en el suelo ninguna de sus rodillas. "la vida no te ha dado nada de lo que mereces, no seré yo el que te tire una piedra más encima". le regalé una medalla de la mismísima virgen, se la guardó en el bolsillo para volverla a tirar. en cuanto le di la espalda. con lágrimas en los ojos proseguí mi camino, que me llevaría a ti. me topé con tantos hombres, y a tantos les sonreí. me miraste sorprendida cuando al fin nos encontramos. "no me cuesta sonreír a todos mis enemigos, si mañana me despido". nunca pensamos qué hacer si yo me pusiese enfermo. tan sólo unos días antes, yo dormía retorcido. en una cama que había sido de muchos.
el día que tú te mueras, florecerán mis pulmones. pues no ha existido un instante que no haya podido olerte. tus dolorosas ausencias me han provocado ceguera, me han postrado en este lecho, que es de todo menos mío. nunca he llevado un anillo, ni he creído a tus amantes cuando hablaban con tu voz. que retumba en mis costillas y agarra mi corazón, con manos ensangrentadas, a través de la garganta. controla mis movimientos, incluso cuando me agita, rompiéndome los huesos. contra las paredes. y aquí niegas una y otra vez el tener algo que ver. si tú eres como una pluma, eso piensan los doctores. que es cuestión de tiempo dicen, pero si el tiempo eres tú. y dónde se encuentran las flores si ya no puedo ver sus colores. tengo frío, mucho frío y me cubro de papeles, vestidos de garabatos. incomprensibles. dicen que ya estoy curado. yo sé que mañana muero. y que todo será luz. el vaso medio vacío, en la mesilla de noche. el agua se ha vuelto turbia y una calavera se ha dibujado en el transparente líquido. dicen que ya estoy curado. dejaría de temblar si uno sólo de tus dedos se posase en mi garganta. pero eso no haría más que prolongar mi agonía.
fue cuando se puso el sol, no me costó desprenderme de todas mis posesiones. me sentí terriblemente egoísta, por no haberlo hecho mucho antes. fue más fácil ser valiente con la guerra terminada. interrumpí tu romance, fui plenamente consciente. es mi última voluntad, que pisotees tu reloj. hazlo añicos contra el suelo. y dime que siempre ganan los buenos. tu gesto se volvió grave, pues no sabes. que amanece si tú quieres. "¿qué es lo que mereces tú?" preguntaste, sollozando. y nos quedamos callados. pues nunca pensamos. qué hacer si fuesen asunto nuestro las cosas del universo.
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