miércoles 22 de abril de 2009

hoy me he dormido con sangre en la cara

me dan miedo los espejos, puedes ver tu propia muerte en determinadas fechas. no suele ser lo normal pero hoy me reconozco. y tengo sangre en la cara. trazo en mi pecho una cruz de rojo noche. si no me proporciona, pienso, una fuerza sobrehumana, al menos conseguirá que vuelva mi corazón a latir. no puedo regalártelo así, en este estado. esta vez ha funcionado. trato de volver sobre mis pasos, son ridículos mis saltos pues mis alas no responden, agotadas por haberlas ignorado. durante todo este tiempo. es un viaje astral que no puedo manejar y estrello mi cabeza contra las bombillas de las farolas como un insecto aturdido, mientras evito con torpeza las fauces de los perros callejeros. siempre sueño que me muerden, antes de borrar mis huellas. te aseguro que me las imaginaba muchísimo más pequeñas pues cometo mis errores siempre cuando empieza el día. no me dejarían dormir si asesinase de noche. diferencio entre dos tipos: las que llevan hacia ti y las que huyen. pretendo borrarlas todas, agarrado a una farola. me preocupa que los buitres dejen de ser carroñeros. dicen que ahora se lanzan sobre los seres humanos. siempre sueño que me muerden, pero después me despierto. y una vez bajo la ducha me escuecen las cicatrices de heridas que no recuerdo. ni un centímetro de la piel de jesucristo se libró de su castigo, así que dime si te impresionaría que te dijese que realmente son estigmas. es fácil entrar en tu casa mientras duermes, me guiaron los latidos. como escritura automática. perdonando mis errores de cuatro certeros golpes, uno por cada una de las columnas que sujetan las viviendas donde viven los que ignoran. los que son afortunados. los que quizá en otra vida fueron los desheredados. los que no leen los mensajes pero todas las mañanas abren, como si fuesen turistas, de par en par las ventanas. tú eres todos mis rechazos y todas mis frustraciones. eres el oxidado columpio del que siempre me caía y en el que sigo jugando. y del que sigo cayendo. pero esta vez ha funcionado, demuestro que soy un mago. de cuatro certeros golpes, uno por cada columna. pero tú te das la vuelta enroscada en una manta cuyo olor no identifico. dando la espalda al pedazo de colchón que se hunde detrás de ti. te desvelo mis secretos, pero tú cierras los ojos. ésta es la última noche. amaneció de verdad a finales de los cuarenta. señalaron con el dedo y escogieron a unos pocos, probablemente al azar. soy consciente de que eso no me hace muy especial. nosotros, que conocemos cómo acabarán las cosas. nos advirtieron que mantuviésemos la boca cerrada, pero no insistieron mucho. pues quién nos tomará en serio. la primera vez que sentí que me había enamorado, intenté por todos mis medios que ella no se me escapase. era rubia, de ojos claros. desconozco dónde puede estar ahora. le dije "presta atención" e hice temblar los cimientos de la casa de sus padres, con el poder de mi mente. dijo "nunca he visto nada igual, pero es estabilidad lo que necesito ahora". te develo mis secretos pero tú me das la espalda. y los ojos de tu gata recorren mi silueta. tan afilados como sus dientes cuando se clavan en mi sombra, que ocupa un pequeño hueco en el que nada había antes. y así permanece estática, amenazante, como una madre ante una pistola cargada. que es un cuchillo que corta la carne. pero si ya está muerta, no es necesario ensañarse. te alertaría en lugar de defenderte, si apareciese un fantasma justo a los pies de la cama. son de estas cosas que ocurren cuando nadie está mirando. tus miedos siguen rondando y yo me siento culpable. vuelvo a casa caminando, prefiero olvidarme. de que ésta es la última noche y de qué estúpido modo consideré, que me harías más caso a mí que a las señales divinas. si no puedo recordarlo con los pies aún sobre el suelo pensaré, como decía mi madre, que no era tan importante. una pequeña linterna me dice dónde pisar, aunque tengo sendos mapas tatuados. en las palmas de las manos. lo que para otro son sombras, son animales del bosque. les regalo mis juguetes hasta que son sólo malas noticias lo que queda por contar. soy consciente de que estoy haciendo tiempo, pues siempre es noche cerrada si tú no me estás viendo. todos duermen. ya no hay nadie que se mantenga despierto para gritarme lo tarde que es desde la ventana. mis ojos de par en par, mientras tú aprietas los párpados, kilómetros más allá. muestras todo tu poder, cuando quieres que se vayan. tus miedos. siguen rondando, y me siento responsable. porque seguirán ahí, cuando lo que te despierte no sean los calientes, rayos del sol. sino las gélidas carcajadas del que ríe el último.

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